LAS LECCIONES DE VENEZUELA

thumb_maduro-2Pablo Miranda

Partido Comunistas Marxista-Leninista de Ecuador.

Las elecciones  parlamentarias de Venezuela realizadas el 6 de diciembre de 2015, constituyeron una derrota contundente infringida al gobierno bolivariano de Nicolás Maduro por las fuerzas reaccionarias y el imperialismo norteamericano.

Esta derrota electoral trasciende más allá de las fronteras venezolanas, incide en toda América Latina y en buena parte del mundo. Para muchos, triunfó la democracia, la libertad; para otros tantos, la revolución y el socialismo sufrieron una gran derrota.

Los representantes de la Mesa de la Unidad celebraron alborozados su triunfo y prometieron trabajar por salir de la crisis.

Por su parte Maduro expresó: “Nosotros, viendo estos resultados, hemos venido con nuestra moral, con nuestra ética, estos resultados adversos, a decirle a Venezuela que ha triunfado la democracia”. Ha ganado la guerra económica; nosotros “Gobernaremos desde la calle”.

En realidad los resultados electorales del 6-D no significan el triunfo de la democracia y la libertad, expresan de manera fehaciente el poder económico y mediático de la burguesía y los monopolios internacionales que les permitió, entre otras cosas: aprovechar el descontento de la gran mayoría de la población para posesionar la idea del cambio de rumbo.

Sin embargo no se puede ni debe soslayarse la responsabilidad de la dirección del gobierno venezolano, del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV  en la profundización y generalización de la crisis económica, en el desabastecimiento de gran parte de los artículos esenciales, en los elevados índices inflacionarios, en los escándalos de corrupción denunciados diariamente que involucran a los diversos representantes y niveles del gobierno y del partido, en el descontrol de la criminalidad y la inseguridad que campean, en el desabastecimiento que provoca las grandes colas para conseguir alimentos, que son los elementos materiales e ideológicos utilizados por la reacción y el imperialismo para combatir al “chavismo” y ganar la adhesión electoral de la mayoría de venezolanos.

Analizando el proceso electoral venezolano, Atilio Boron, connotado defensor de la “revolución bolivariana”, de Chávez y Maduro  escribió:

“Bajo estas condiciones, a las cuales sin duda hay que agregar los gruesos errores en la gestión macroeconómica del oficialismo y los estragos producidos por la corrupción, nunca combatida seriamente por el gobierno, era obvio que la elección del domingo pasado tenía que terminar como terminó”. Y, Gonzalo Abella ferviente partidario de la “revolución bolivariana” señaló:

“ <Guerra>, se pronuncia fácil esa palabra cuando no se la vive en lo cotidiano: madres deseosas de dar de comer a sus hijos soportando largas colas, llenando sus bolsas no de alimentos sino de frustraciones continuas ante la falta de leche, harina pan, papel de baño, jabón, y tantos otros artículos que se  escamotean con criminal insistencia. Contrabando hacia Colombia, llevándose lo que en cada ciudad escasea. Hay que haberlo vivido para saber que la bronca que estas situaciones  producen, apuntan casi siempre hacia arriba, no para denunciar solamente a los gestores reales de estas estrategias letales, empresarios millonarios e inescrupulosos ligados a la oposición más cerril, sino que también, casi lógicamente, el desánimo suele poner al gobierno en la mira”

Nosotros intentaremos una respuesta en correspondencia con el análisis concreto desde las posiciones marxista leninistas.

Es una realidad incontestable que Venezuela está afectada desde hace dos años por una profunda crisis económica que se descarga sobre los hombros de los trabajadores y el pueblo. El gobierno de Maduro explica la crisis como consecuencia de la baja del precio del petróleo, (hay que recordar que el país depende casi exclusivamente de la explotación y venta del hidrocarburo, esta situación viene desde hace décadas pero se ha agravado durante la vigencia del chavismo en el gobierno), señala que se trata de una cuestión de carácter internacional, ajena a las responsabilidades gubernamentales.

La crisis económica de Venezuela tiene, ciertamente, el componente de la baja de los precios del petróleo pero, es también resultado de la naturaleza capitalista de la formación económico social; de la oferta y la demanda, de la competencia, de la super explotación de la clase obrera; del desmesurado incremento de la burocracia; del despilfarro y el derroche de los cuantiosos ingresos provenientes  de los altos precios del hidrocarburo que suman miles de millones de dólares, que se multiplicaron durante el chavismo; de la dependencia de la economía del país, en todos los ámbitos de las compras externas; de la corrupción y la componenda de los mandos chavistas, en todos los niveles; del desabastecimiento de alimentos y de artículos esenciales.

Ciertamente, el imperialismo norteamericano, la oposición burguesa, los empresarios y banqueros, y de manera particular, los grandes importadores, a pesar de ser los principales beneficiarios de la bonanza económica, de recibir miles de millones de dólares al cambio oficial  propiciaron un boicot económico, y en los últimos tiempos una “guerra económica” que contribuyó  a agudizar la crisis.

Esa ofensiva reaccionaria actuó y lo continúa haciendo sobre la base de una situación económica real que no se supo controlar desde el gobierno, que, a pesar de las palabras, en los hechos, concilió con los empresarios y banqueros, otorgándoles prebendas y beneficios.

En estas condiciones y no en otras se celebraron las elecciones del 6-D y los resultados fueron, como indicamos ya, la derrota del chavismo. Es decir las circunstancias planteadas avizoraban el fracaso; sin embargo, hay que decirlo, las elecciones se perdieron por parte del chavismo en el mismo proceso. Los dirigentes del PSUV y del gobierno no cesaron de hablar de la victoria, se mostraron triunfalistas, anunciaron un censo y encuestas en las que resultaban vencedores; estas afirmaciones y las formas como enfrentaron el proceso, el escogitamiento a dedo de los candidatos, la imposición de parientes y amigos en las listas, el propio desenvolvimiento de la campaña electoral les señala responsabilidades que no pueden ni deben ser ignoradas.

La “revolución bolivariana” expresión del reformismo  

Desde el triunfo de Chávez, allá por 1998, saludamos ese acontecimiento que llevaba al terreno político comerciales con China y Rusia significaban el entramado de una nueva dependencia. Ni en Venezuela ni en ningún otro país donde triunfaron, a través de las elecciones, los “gobiernos progresistas” se produjeron el derrocamiento del capitalismo, la revolución y el socialismo. Esas responsabilidades y tareas siguen planteadas.

En correspondencia con este análisis suscribimos:” “Estamos con las posiciones avanzadas, en contra del establecimiento; estamos con los que luchan, en oposición a la quietud política; nos colocamos de lado de los pueblos contra el imperialismo; nos situamos en las trincheras de los trabajadores contra la explotación capitalista; estamos con lo nuevo progresista en contra de lo viejo caduco y oscurantista; estamos con las tradiciones revolucionarias en oposición a las novelerías de los nuevos paradigmas; somos de izquierda y luchamos contra la derecha; somos revolucionarios y combativos por el poder popular, en contra del capitalismo y la reacción”

La gestión de los diversos gobiernos progresistas de América Latina es, principalmente, de carácter desarrollista: en oposición a las políticas neoliberales recuperaron el rol del Estado en las responsabilidades de la salud, la educación; en el marco de una bonanza económica impulsaron la obra pública, carreteras, puertos, aeropuertos, empresas hidroeléctricas, hospitales, escuelas; propiciaron el extractivismo y la reprimarización de la economía. Ciertamente modernizaron a los países, su infraestructura y las reglas para las inversiones extranjeras. Es evidente que no se impulsó  ninguna reforma estructural, que los marcos económicos y legislativos siguen teniendo el carácter capitalista, están signados por la dependencia del imperialismo.

De cara a estos gobiernos señalamos que estaban y están sujetos, de un lado a la presión del imperialismo y la reacción, y de otro lado a las demandas de las masas trabajadoras y los pueblos, que la responsabilidad de los revolucionarios y los comunistas era reforzar la presión popular; por esas razones  apoyamos a esos gobiernos y sus acciones, exigimos el cumplimiento de sus ofertas de campaña, y cuando sucumbieron ante el chantaje de las clases dominantes y cambiaron de rumbo, y se afirmaron como una nueva expresión de la clase de los capitalistas nos reafirmamos en las posiciones de la clase obrera y el pueblo y organizamos la oposición popular; en esa dirección venimos batallando en el Ecuador.

En el caso de Venezuela se puede ver un proceso reformista que busca, tímidamente por cierto, cambiar las relaciones económicas tales como: la expropiación de unas tantas empresas capitalistas y la entrega de su administración a los trabajadores – en realidad, en la mayoría de los casos  a funcionarios del chavismo que la burocratizan en beneficio de los intereses personales y de grupo -; la ley de tierras que distribuye la propiedad entre los campesinos; la propuesta del “desarrollo endógeno” que pretendía aprovechar los recursos naturales, la riqueza del suelo y el agua dulce para la industrialización del país y para la producción de alimentos que fue dejada de lado al poco tiempo de iniciada; La Ley Orgánica de Planificación Pública y Poder Popular que proclama el derecho de las masas a organizarse para ejercer sus derechos en todos los niveles del país, que fuera dejado en la letra y pretende resucitarse burocráticamente en el llamado Parlamento Popular.

Estas circunstancias destacan cualitativamente la caracterización de Venezuela respecto de los demás gobiernos progresistas. Esa es también la razón por la cual siempre defendimos el proceso venezolano, condenamos a la “guerra económica” de la oligarquía y el imperialismo yanqui.

Se trata de un gobierno reformista que se apoya en  los trabajadores y el pueblo, que afecta, en alguna medida, los intereses de las clases dominantes y el imperialismo norteamericano. Es un gobierno que proclama la “revolución bolivariana “y el “socialismo del siglo XXI”; que cuenta con grandes recursos económicos, la mayor reserva petrolera del mundo, altos precios de los hidrocarburos, del hierro y del aluminio; que contó hasta el 6 de diciembre de 2015 con el favor político electoral de la mayoría de los venezolanos, y entre 2005 y 2010 con 167 de los 167 asambleístas,  es decir condiciones materiales y políticas que le podrían haber permitido defenderse de la embestida del imperialismo y la reacción.

El reformismo expresa, en lo fundamental, beneficios para las clases trabajadoras y el pueblo, de ninguna manera la liberación de las cadenas de la esclavitud asalariada; cambia los hábitos y las modalidades del gobierno, y en  ningún caso conduce al gobierno de los trabajadores y el pueblo, al poder popular; recorta los beneficios de los patronos pero deja, básicamente, intactos las prebendas y privilegios de los capitalistas.  Si bien el reformismo favorece materialmente la vida de las masas trabajadoras no resuelve integralmente sus problemas y necesidades; por consiguiente no transforma a los pobres en defensores de esas posiciones, en sujetos y actores políticos por sus propios intereses. En el caso de Venezuela, buena parte de los votantes chavistas se decepcionaron y dieron la espalda al proceso, se mudaron a la oposición burguesa.

Es un gobierno corroído por la corrupción, por el burocratismo y la incapacidad de utilizar sus recursos humanos y materiales para profundizar el proceso, un gobierno que sembró lo que cosechó, el rechazo electoral de la mayoría de los venezolanos.

El VIII Congreso del PCMLE celebrado en noviembre de 2014 señalaba: “En Venezuela se libra una dura batalla entre la izquierda y la derecha, entre los patriotas y los entreguistas, entre la reacción y las posiciones revolucionarias. Evidentemente, en Venezuela, no se ha producido la revolución a pesar de las proclamas del chavismo, no se construye el socialismo, pero está de pie un proceso patriótico, democrático y revolucionario que enfrenta una feroz arremetida de la reacción. El desenlace de esa confrontación no se avizora a corto plazo. En todo caso los trabajadores, el pueblo y la juventud de Venezuela están aprendiendo a combatir en medio de luchas de alto nivel, están asumiendo la comprensión de su rol en el proceso de la trasformación social. El partido revolucionario del proletariado, el Partido Comunista Marxista Leninista de Venezuela tiene ante sí grandes desafíos y responsabilidades”

Los resultados de las elecciones del 6 de diciembre de 2015 son el desenlace político electoral de confrontación entre las posiciones reformistas y las posturas reaccionarias. En esa  contienda participaron activamente numerosas organizaciones y colectivos de izquierda revolucionaria y, lo hicieron de manera consecuente, llamaron a defender las conquistas sociales y materiales de los trabajadores, a votar por los candidatos del PSUV, señalaron también los límites y problemas del gobierno y propusieron romper las ataduras institucionales, ideológicas y políticas para abrir un cauce revolucionario a la crisis económica y política que vive Venezuela.

Evidentemente la lucha sigue. El 6-D marca una inflexión. El chavismo y Maduro fueron derrotados contundentemente, pero no han sido aniquilados. Es necesario analizar cómo se están desarrollándose los acontecimientos.

Hay que tener claro que el régimen constitucional venezolano es presidencialista, lo que significa, que aunque exista la mayoría absoluta de la oposición burguesa en la Asamblea Nacional, el Presidente Maduro cuenta con atributos y poderes que le permiten dirigir el gobierno.

En cumplimiento de esas atribuciones están tomando medidas que debían desarrollarse mucho antes tales como el funcionamiento del “Parlamento Comunal”, y una serie de restricciones y medidas que restan posibilidades a la Asamblea Nacional. Es decir, obstáculos institucionales y legales.

Hasta ahora no se observan respuestas a la crisis que continúa agudizándose, a la escasez y el desabastecimiento de alimentos, medicinas y demás artículos esenciales; a la inseguridad; en los hechos se continúa dando plataforma para la ofensiva de la derecha que ahora dispone de mayoría absoluta en  la Asamblea Nacional.   

Una buena parte de los hombres y mujeres de izquierda integrados al chavismo, al PSUV  exigen rectificaciones, una profunda autocritica y el reconocimiento de los errores, algunos señalan la necesidad de desentrañar crudamente los problemas y cambiar los hechos y las personas, dicen, “hay que rectificar caiga quien caiga”.

Las masas trabajadoras y la juventud no están dispuestas a renunciar a las conquistas sociales y las defenderán, se opondrán al desmontaje de ellas que pretenda la derecha.

Las organizaciones y colectivos de izquierda, los revolucionarios  proletarios llaman a la rectificación y a la profundización del proceso; a la afectación de los intereses de los capitalistas en beneficio de los trabajadores, al fortalecimiento de la organización sindical, a la extirpación de la burocracia, al control y condena de la corrupción y los corruptos.

La revolución y el socialismo siguen planteadas

La confrontación ideológica y política que viene teniendo lugar en Venezuela entre las clases trabajadoras, el pueblo y la juventud por un lado y las clases dominantes y el imperialismo por otro van a continuar, se va a desarrollar a nuevos niveles, a la lucha por el poder popular y el socialismo.

Las propuestas del chavismo de la “revolución bolivariana”, del “socialismo del siglo XXI” despertaron ilusiones, incorporaron a millones de seres a la movilización social y política, se expresaron en importantes beneficios sociales y materiales; reposicionaron en la subjetividad de millones los ideales de la liberación y el socialismo; pero, no resolvieron los problemas esenciales de las masas trabajadoras, la liberación del país de la dependencia imperialista.

Los niveles de organización social y sindical, el grado de movilización ideológica y política de las masas y la juventud permitirán, en la medida que la teoría revolucionaria y el partido del proletariado, se afinquen y desarrollen, el desarrollo de la lucha por el poder popular y el socialismo.

Las secuelas ideológicas y políticas implantadas por el reformismo y su fracaso van a incidir negativamente, requieren un arduo trabajo para ser descartadas y transformadas en la decisión de continuar la lucha.

El chavismo jugó un papel histórico que no se puede negar, que debe ser valorado justamente: Es y fue una expresión de la inconformidad, de la rebeldía del pueblo venezolano; una demostración de las posibilidades de impulsar el proceso de cambio; la afectación parcial de los intereses económicos de una parte de la burguesía y el imperialismo norteamericano; la constitución de un referente para la lucha popular más allá de las fronteras nacionales; la realización de un importante paso adelante en el desarrollo del movimiento obrero y popular; la reactivación y desarrollo de diversas expresiones de la izquierda, de los revolucionarios proletarios.

El chavismo visto multilateralmente adolece de deficiencias y desviaciones: al presentarse como revolucionario y desde el poder desarrollar una contemporización con la oligarquía y el imperialismo evidenció su naturaleza conciliadora a pesar de la radicalidad de las expresiones. En los hechos, el chavismo no se propuso, no podía hacerlo, el derrocamiento del capitalismo y el imperialismo, pretendió endulzarlos, maquillarlos en beneficio de los trabajadores; esta situación es consustancial a la naturaleza reformista de sus concepciones y propuestas. Hugo Chávez fue una personalidad destacada, el dirigente y líder de la “revolución bolivariana”, un luchador consecuente con la concepción y los ideales que asumió; su papel fue trascendente en el proceso, su temprana desaparición, tuvo también incidencia, le restó dinamismo y autoridad, lo debilitó.

El posicionamiento de las ideas de la “revolución bolivariana” entre las masas no fue suficiente para su adhesión electoral y menos para la defensa militante de sus realizaciones, sin embargo aún predominan en el imaginario; se expresaron en más de 5 millones de votantes y pueden constituir un basamento para su calificación, para su conversión en ideas revolucionarias, en conciencia de su papel como protagonistas de la revolución y el socialismo.

El deber de los revolucionarios es esclarecer las limitaciones y responsabilidades del reformismo y sus distancias con las concepciones de la revolución socialista, al tiempo de combatir y desenmascarar las falacias de la reacción venezolana que se utilizan por la burguesía a nivel internacional para desprestigiar y combatir la alternativa revolucionaria y a las fuerzas de izquierda.

En Venezuela, como en todos los países, la revolución es una cuestión planteada. El deber de los revolucionarios proletarios, de los comunistas marxista leninistas es continuar en el cumplimiento de organizar y hacer la revolución.

Ecuador, enero de 2016

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